La importancia de la voz

En este mundo en el que cada día estamos rodeados por miles de sonidos descriptibles, ruidos irreconocibles, música nueva y antigua, gritos, etc, deberíamos parar un momento y escuchar con atención, hacer criba y analizar todos esos decibelios detenidamente. Entre tanto “alboroto” encontramos palabras que nos dicen algo, mensajes. Encontramos una voz que nos narra algo, que lucha por hacerse un hueco en nuestros oidos. Es la voz de ese locutor que te cuenta las virtudes de ese nuevo producto, que te narra los sucesos del día a través de las ondas, que te transporta a ese mágico lugar de las imágenes que salen en los documentales, que te dice que la próxima parada es la tuya o que te informa de que la puerta está abierta.

Entra en nuestra cabeza como algo cotidiano, estamos ya habituados a ella, pero… ¿habéis pensado qué ocurriría si esa voz no estuviera presente? Un documental sólo con preciosas imágenes, o un simple timbre de aviso, música sin letra, sin mensaje.

No nos paramos a pensarlo, pero está ahí, nos acompaña queramos o no, y forma parte de nuestra vida.

Démosle la importancia que se merece, porque quiere ser escuchada.

Sin publicidad no existes

Publicidad: “Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.”

Esta es una de las acepciones que podemos encontrar sobre la palabra “publicidad” en el diccionario de la Real Academia Española. En mis tiempos mozos y casi noveles en radio un empresario de la noche de un reconocido local al que fui a ofrecerle una campaña me espetó la siguiente frase: “Nosotros no necesitamos publicidad, nos conoce todo el mundo”.

Bien, analicemos esta respuesta de forma un poco exhaustiva, y empecemos para ello por el final:

  • “nos conoce todo el mundo.”: Dudo mucho que todos te conozcan si no eres una conocida marca de bebida o una gran franquicia, aún así dudo bastante de que TODO EL MUNDO (refiriéndonos ya al Planeta Tierra) te conozca. El “boca-boca” es efectivo, sí, pero no todos hablan con todos. Alguien no habitual a las horas nocturnas puede que no te conozca, un turista en tu ciudad puede que no te conozca, alguien a quien directamente no le intereses puede que no te conozca, cualquiera de ellos es un cliente potencial.
  • “Nosotros no necesitamos publicidad”: Ya, amigo, tienes mucha clientela ahora, pero mañana tal vez no seas el referente. No se trata sólo de que tengas afianzados cierto número de clientes, más tarde o más temprano sus gustos cambiarán, o su forma de vida, y no volverán, y te verás obligado a darte a conocer de nuevo, ya bien sea con un relaciones públicas, carteles, cuñas en radio, flyers, anuncios de televisión, avionetas, pancartas o faldones en el periódico local. Como esa cuenta atrás es constante y continuamente la gente va cambiando sus hábitos… será mejor que no te duermas en los laureles. Tu marca debe estar siempre presente, siempre, los potenciales clientes pueden necesitar un servicio como el tuyo en algún momento, y si cuando lo busquen no te ven a ti… un cliente menos.

En esto de la publicidad no se trata de que “todos te conozcan” sino de que no te olviden. Imagina que una gran marca de bebidas, como decíamos, deja de tener presencia en soportes publicitarios, tarde o temprano otra vendrá que sí lo haga, entonces la balanza se decantará hacia su lado, por pura lógica.

Con todo esto vengo a resaltar la importancia de una buena campaña publicitaria, concebida por los profesionales que a ello se dedican en los distintos medios de comunicación de los que ahora disponemos.

Personalmente lo digo, y lo mantengo, sin publicidad no existes: publicítate.

La radio: ese onírico mundo

En algún momento de nuestra vida hemos encendido ese pequeño (o grande) aparato por el que “sale alguien hablando”. Tal vez de día, al levantarnos con nuestro radiodespertador a todo volumen; en el coche, para hacer el trayecto más ameno; para dormir, con la intención de que nos cuenten una historia para coger el sueño; o en la playa, o de barbacoa, o en una reunión de amigos para no tener que buscar entre incontables cd’s en casa, o simplemente por gusto.

La radio se basa en una comunicación punto a punto: yo que hablo desde el micrófono, tú que me escuchas desde tu receptor. Historicamente, la radio ha cumplido siempre una importante función, y por mucho que la tecnología cambie a pasos agigantados, la radio siempre formará parte de nuestra vida, de un modo u otro.

¿Por qué? Porque tenemos la necesidad de sentir que alguien nos acompaña. La radio es principalmente eso, compañía, obviamente también nos informa, enseña y entretiene. La ventaja que tiene este misterioso sonido que viaja por el aire en forma de radiofrecuencia es que mientras lo escuchamos no necesitamos estar pendientes de él, como ocurre con la televisión, por ejemplo, con lo que es el acompañante perfecto.

Yo no me imagino un mundo sin radio. Los que estamos inmersos en este mundo sabemos qué se siente al plantarse frente a un micrófono. Por mucho bagaje que tengamos siempre sentiremos los nervios en el estómago antes de que se encienda la famosa luz roja de “On air” o “En el aire”, siempre nos vamos a preguntar si hay alguien escuchando al otro lado y siempre vamos a dar lo mejor de nosotros para que sintáis que no estáis solos.

Los locutores somos como “Hulk” o el “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, y me explico: cuando nos colocamos los cascos y respiramos para salir al aire o grabar nos transformamos. En ese momento no importan los problemas que hayamos tenido horas antes, si estamos felices o contentos, pobres o ricos, en bermudas o con chaqueta. Tenemos la simple obligación de comunicar, de lanzar un mensaje, a ti que nos oyes, ya que estamos aquí para acompañarte y entretenerte, no para contarte penas. Estaremos ahí con solamente pulsar un botón.

Oyente, hay un tipo nuevo en la ciudad, se llama locutor.